Reflexión UD4
En esta última entrada hablaré acerca de los entornos virtuales de aprendizaje. Personalmente, antes de empezar el máster, tenía ciertas dudas y prejuicios acerca de la enseñanza online. Muchas de las pre-concepciones que tenía entonces cayeron a las pocas semanas, otras pocas se confirmaron. En la carrera me acostumbré a la enseñanza presencial, a un modelo tradicional.
La enseñanza en línea siempre me pareció fría y individualizada, un modelo que no era para mí. Sin embargo, conforme me fui informando acerca del máster, comenzó a calar en mí la idea de que podía ser posible aprender sin estar en un aula. Al empezar las primeras asignaturas he de confesar que no sentí esa falta de conexión, tanto entre alumnos como hacia el profesor/a.
Pese a todo, considero que el espacio físico tiene algo que difícilmente puede ser reemplazado por una pantalla. Pese a que hay herramientas que emulan esa sensación de trabajo en grupo e interacción, hay motivos que reman a favor de la presencialidad.
Si hablamos de enseñanza de idiomas, donde la comunicación es el factor más importante, no podemos depender exclusivamente de la calidad de nuestro Wi-Fi. del filtro de voz del Blackboard, Skype o la aplicación de turno. Es en este sentido que considero que la modalidad de blended learning o enseñanza semi-presencial se enmarca como una apuesta de futuro que combina la accesibilidad de la enseñanza online con la realidad de la comunicación presencial entre personas.
En sociedades como la nuestra en la que el tiempo cada vez escasea más, asistir presencialmente dos veces por semana a un aula puede no ser una opción para muchos. Sin embargo sigo pensando que la presencialidad sigue siendo imprescindible, que las personas estamos hechas para relacionarnos en cercanía y no únicamente a través de pantallas. La clase de idiomas puede (y creo que debe) seguir siendo un espacio donde aprender, jugar, hacer amigos, descubrir o incluso enamorarse. ¿Por qué renunciar a ello?


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